Kabalá, espiritualidad y judaísmo

Kabalá, espiritualidad y judaísmo – La revelación de la sabiduría

Los aspectos más profundos de la sabiduría judía siempre fueron expresados en un lenguaje alegórico, por lo cual es imprescindible haber sido iniciado en dichos códigos para comprender su real significado y objetivo. Por dicha razón, nos indicaron los sabios que no se traen relatos alegóricos (agadót y midrashím) como fuentes halájico-jurídicas ya que son herméticos para el no iniciado.

En la redacción del libro del Zóhar, Rabí Shimón encomendó a Rabí Aba que él sea quien escriba las explicaciones más profundas de la sabiduría, dado que sabía como exponerlas en forma alegórica. Relata el Zóhar que en cada detalle de sabiduría kabalística que revelaba, Rabí Shimón Bar Yojai expresaba: ¡Ay de mí! si revelo, y ¡ay de mí! si no revelo. Si no revelo se ha de perder la sabiduría, y si revelo, ¿sabrán como utilizarla?

El dilema no era simple, ya que de no revelarla, la sabiduría tampoco llegaría a los alumnos aptos, y revelándola, fracasarían en su aplicación aquellos que no estuviesen espiritualmente preparados. Es así que Rabí Shimón eligió emplear una forma particular de transmisión a través de Rabí Aba, quien era experto en la escritura alegórica; de modo tal que la sabiduría esté suficientemente revelada para los capaces de acceder a ella y oculta para los que aún no están preparados. Sin embargo, en el Zóhar se nos asegura que la sabiduría se revelará finalmente en su totalidad, y el alma pondrá fin a su exilio que es básicamente de carácter espiritual. Nuestra época

En nuestra época, en la cual la información circula vertiginosamente influenciando a la opinión pública textos y manuscritos antiguos son masivamente publicados. En la mayoría de los casos desprovistos del conocimiento de los códigos y objetivos por los cuales fueron escritos, llegando al público en traducciones e interpretaciones subjetivas. Esto da lugar a diversos malentendidos acerca de la índole, significado y propósito de los mismos, creando así una corriente de lectores aficionados a diversas formas del llamado «misticismo», «ocultismo», «esoterismo», etc. Esto ha contribuido a aumentar la confusión en lo que respecta a los objetivos del trabajo espiritual judío. Por eso los sabios insisten en que es fundamental aprender el lenguaje, la terminología y los objetivos de la Kabalá de un verdadero iniciado en esta sabiduría. De este modo evitamos interpretaciones fuera del contexto de la Torá, lo cual desemboca en sincretismos, pseudo-espiritualidad y mística.

La interpretación de los textos sagrados

Muchos de los términos que solemos emplear al referirnos a temas tales como judaísmo y espiritualidad nos han llegado a través de traducciones y poseen una carga de subjetividad en cuanto a su significado y objetivos. Esto ha afectado no sólo a quienes se acercan a la sabiduría de Israel a través de textos traducidos, sino que ha llegado más profundamente aún, deformando nuestra percepción de la espiritualidad. Ha surgido una tendencia a interpretar la sabiduría de Israel de acuerdo a parámetros ajenos a su propia tradición.

«Religión», «Dios» y «Alma»

Términos tan familiares como «Religión», «Dios» y «Alma», a partir de los cuales surgen las discordancias entre los defensores de la «Religión» y los llamados «laicos», son conceptos extraños al judaísmo. Tales conceptos se basan en traducciones simplistas y erróneas que han dividido a los hombres y han creado confusión en nuestro mundo espiritual.

«Religión»

El vocablo «Religión» proviene del latín re-ligare es decir: volver a ligar aquello que ha sido desconectado. Este concepto no aparece en los textos de la tradición hebrea, ni escrita ni oral, hasta la Edad Media. En este período los sabios judíos se vieron presionados a tomar parte en confrontaciones verbales a fin de demostrar la validez de la espiritualidad del pueblo de Israel. A raíz de ello sabios tales como el Rabino, Médico y Poeta Yehudá Halevi (siglo X) en su libro «el Cuzarí» y Maimónides (siglo XIII), específicamente en su «Guía de los Perplejos», se vieron forzados a declarar que la Torá de Israel es también una «Religión». Para ello recurrieron al vocablo Dat, que significa norma e iniciación. Grados de una misma realidad

El judaísmo consiste en la iniciación a los preceptos /mitzvót que depuran al ser humano y lo acercan gradualmente su Esencia Infinita. Estas normas constituyen los principios a partir de las cuales conforma el Creador a Su Creación, y que codificadas son transmitidas a través de la Torá. La palabra «Religión» no es adjudicable al judaísmo, puesto que confunde y lleva a interpretarlo en base a doctrinas ajenas. El concepto «religar» implica el acto de volver a ligar dos o más cosas separadas. La Creación está permanentemente unida a su Creador, de lo contrario no tendría existencia. El dilema reside en la forma en que el hombre, síntesis de la Creación, se relaciona y percibe al Creador: con la conciencia de que EL y Su Creación son una Unidad, o seccionando la continuidad de la realidad y la vida. El judaísmo proclama que todos los aspectos de la vida son diversos grados de una misma y única realidad, el Infinito/Ein – Sof. Esta realidad generada por el Creador contiene todos los estados posibles, y es ilimitada e indivisible.

«Dios»

La palabra «Dios» deriva del latín Deus, que a su vez proviene de Zeus – divinidad mitológica griega – hijo de Cronos, «Dios» del tiempo. Esto dificulta nuestra comprensión y deforma nuestro concepto de la realidad, ya que pretende definir la base y objetivo de la Torá de acuerdo a una lógica humana limitada por el espacio y el tiempo. «Antes de la emanación de las emanaciones y la creación de los mundos, la Luz del Infinito llena toda la realidad» (libro «Etz Jaím» – El Arbol de las Vidas), siendo la Creación una proyección inferior de Su misma Luz.

Diez nombres, diez postulados, diez sefirót

En la Torá, los libros de los Profetas, Escritos, etc. encontramos diez nombres relacionados con los diez postulados y las diez sefirót, que designan diez formas generales en que el ser humano puede percibir la plenitud de la Luz Infinita expandida desde la Esencia misma del Creador. Todos los nombres y denominaciones que la Torá emplea no se refieren a la Esencia del Creador, ya que SU Esencia se encuentra por encima de todo nombre y denominación posible. Los nombres que la Torá menciona para referirse al Creador nos indican la percepción que el hombre tiene de la plenitud de la Luz que se expande de SU Esencia denominada en el lenguaje de la Kabalá, Atzmút.

«Alma»

La confusión y falta de rigurosidad continúan cuando llegamos al concepto «Alma». Aquí generalmente se multiplican las definiciones, quedando finalmente el concepto pendiente en una aureola «espiritual» y «mística» sin contenido, objetivo ni dirección. Es decir, que cuando se habla de «Alma» o espíritu se trata generalmente, como en los casos de «Religión» y «Dios», de traducciones inexactas de las nociones hebreas originales.

Para entender el «alma» podemos analizar cuando la Torá relata la Creación del hombre, en el libro del Génesis, nos dice: … hizo al hombre, formó al hombre y lo creó. Génesis, 1:26, 2:7, 1:27 También en el libro del Profeta Isaías encontramos el siguiente versículo:

«Todo lo llamado en Mi Nombre por Mí, los creé, los formé, también los hice «. Isaías ¿Por qué la Torá emplea tres verbos cuando se refiere a la Creación del hombre ?

Hizo, se refiere al mundo de la Acción y al nivel del alma que se llama Néfesh y está relacionado con los instintos. Formó, nos indica el mundo de la Formación y se refiere al nivel del alma que se designa con la palabra Rúaj y que abarca el aspecto emocional.

Creó, designa el mundo de la Creación y está conectado con el nivel del alma denominado Neshamá , el pensamiento. Estos tres niveles son tres aspectos básicos generales dentro de los cinco que abarcan la totalidad del alma.

Para entender cada uno de estos aspectos hay un ejemplo tradicional, el cual nos relata que el hombre es como un carruaje que se usaba antiguamente como medio de transporte.

En el ejemplo, la carroza simboliza el cuerpo del hombre que por sí solo no puede realizar ningún movimiento. Los caballos que tiran de la carroza son los instintos, el Néfesh, que mueven la carroza físicamente en las diferentes direcciones. El cochero simboliza la emoción, el Rúaj, quien indica: parar, hacia la derecha o hacia la izquierda, más rápido, más lento, etc. Pero, cuando el carruaje se encuentra ante la posibilidad de tomar diferentes caminos, ¿quién decide … ? La carroza por sí sola no puede moverse; los caballos esperan la orden del cochero; y el cochero, ¿a quién obedece … ? … al pasajero, a quién no vemos pero es el que hace que todo se mueva y gire en torno a su voluntad, ya que él fue quien «contrató» a la carroza con los caballos y al cochero para conducirlo hacia su «destino» . La Neshamá, esencia interior del alma, está representada por el pasajero, y se reviste en el cuerpo a través de los instintos, emociones y pensamientos para llegar a su objetivo: la toma de conciencia de su naturaleza y su función en el mundo, para luego fusionarse concientemente con la Luz Infinita. A dicho objetivo se puede arribar a través de dos caminos:

1) Con conciencia, cuando los tres aspectos del alma (pensamiento, emoción y acción) están en armonía con las leyes que rigen la Creación, o

2) Con sufrimiento, cuando los caballos, el cochero y el pasajero están en desacuerdo. De lo cual se deduce que si el hombre piensa de una forma y siente de otra, sus actos lo conducirán inevitablemente al sufrimiento. Así como hay leyes que rigen los fenómenos físicos, como ser la ley de gravedad, etc., también hay leyes que rigen los planos instintivos, emocionales, mentales y espirituales. La verdadera libertad surge cuando el hombre obra en concomitancia con esas leyes y no simplemente de acuerdo a su sentir momentáneo, instintivo y/o emocional.

Por eso el judaísmo, a través de la Torá y las mitzvót, es un estudio y un entrenamiento constante en adaptar las características humanas a las leyes superiores que rigen todos los planos de la Creación. La Torá nos transmite las leyes objetivas que rigen la vida y la Creación, y las mitzvót nos proporcionan los elementos prácticos, que cuando son bien aplicados, nos ayudan a dirigir nuestros deseos hacia el bien de nuestros semejantes y el nuestro propio, transformándonos de esa manera en «socios activos del programa de la Creación».

Nomenclatura espiritual

La conciencia de la Luz proyectada desde el Infinito dentro del espacio de la Creación adquiere diversas gradaciones a medida que desciende y se aleja de su origen y fuente. Para ello la tradición de la Kabalá posee una nomenclatura vasta y precisa, la cual nos indica los diferentes grados y formas en que el «Alma» se manifiesta. El estudio de esa nomenclatura, tanto en su forma teórica como práctica es la base del estudio de la sabiduría de la Kabalá.

Nuestra percepción no tiene la más mínima posibilidad de aprehender a D.os en Sí Mismo. En Su Esencia nuestra conciencia selectiva se diluye, dado que en El: el conocimiento, el conocedor y lo conocido son Uno. En cambio, en los dominios del tiempo y el espacio, en la multiplicidad de la Creación, para que nosotros percibamos Su Voluntad de dar plenitud, creó y nos dio los sentidos por medio de los cuales somos activados y tomamos conciencia de Su Luz.

El libro del Zóhar y también el Arizal, nos aclaran que las expresiones y relatos utilizados tanto en la Torá escrita como en toda la tradición oral no deben ser tomados literalmente. Las expresiones que allí aparecen manifestando situaciones y aspectos de la realidad conocidos por nosotros, fueron así expuestos como referencias para acercarnos a la realidad espiritual despojada de tiempo y espacio.

En el Zóhar , dijo Rabí Shimón Bar Iojái: ¡Ay de quien diga que la Torá viene a contarnos relatos triviales! Siendo así, aún hoy podemos hacer «Torá» de relatos cotidianos y hasta más bellos que ellos. Y si la Torá viene a explicarnos asuntos de este mundo, los gobernantes del mundo tienen entre ellos asuntos más interesantes. Todas las palabras de la Torá se refieren a causas superiores, espirituales.

Los relatos de la Torá son sólo su vestidura, y quien piense que la vestidura es la Torá misma y que no hay nada más, es tan ignorante como el que juzga a las personas por su apariencia exterior pensando que la persona es su ropaje. La Torá, al igual que las personas, tiene vestimentas, cuerpo, neshamá (alma) y neshamá de la neshamá. Los relatos, como vimos, son su ropaje, las mitzvót ( las acciones que nos conectan, la practica) son su cuerpo, la neshamá es Israel que activa las mitzvót y por sobre todos se encuentra la Neshamá de la neshamá: el Kadósh Barúj Hú, D.os. Al Kadósh Barúj Hú es a «Quien» debemos llegar a través de la Torá y la Kabalá.

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