Ajahn Sumedho – Ser conscientes del espacio

sumedho-webEsta charla de Dhamma ha sido transcrita para distribución libre por la señora Sila Amonvatana.

En la meditación, podemos estar alertas y atentos; es como escuchar, estar con el momento tal como es, sólo escuchando. Lo que hacemos es ser conscientes de las cosas tal como son, conscientes del espacio y de las formas , de lo Incondicionado y de lo Condicionado.

Por ejemplo, podemos ser conscientes del espacio en una habitación. La mayoría de la gente probablemente no notaría el espacio; notaría las cosas en ella : la gente, las paredes, el piso, los muebles. ¿Pero qué hacemos para tomar consciencia del espacio ? Retiramos la atención de las cosas y la dirigimos trae al espacio que hay en esa habitación. Esto no significa conseguir librarse de las cosas, o negar a las cosas su derecho de estar allí. Significa simplemente no concentrarse en ellas, no ir de un objeto a otro.

El espacio en una habitación es pacífico. Los objetos en la habitación pueden provocar excitación, rechazo, atracción …, el espacio sin embargo no tiene ninguna cualidad que excite, provoque rechazo, o atraiga. Pero aunque no capte nuestra atención, podemos tener consciencia de él por completo cuando nuestra atención no se limita a los objetos de la habitación. Cuando la mente es consciente del espacio, notamos un sentido de calma en toda la habitación, porque todo el espacio es igual; el espacio alrededor de usted y el espacio alrededor mío no son diferentes. No es mío, no puedo decir “este espacio me pertenece” o “ese espacio le pertenece a usted”.

El espacio está siempre presente. Permite que estemos juntos dentro de una habitación, en un espacio limitado por las paredes, pero que está también fuera del cuarto. El espacio contiene al edificio entero, al mundo entero. El espacio no es de ninguna manera limitado por los objetos; no es limitado por ninguna cosa. Si lo deseamos, podemos experimentar el espacio como algo limitado en una habitación, pero en realidad el espacio es ilimitado.

Mente espaciosa

Notar el espacio alrededor de la gente y de las cosas proporciona una manera de mirarlas diferente y desarrollar esta visión espaciosa es en sí una forma de abrirse. Cuando uno no tiene una mente espaciosa, hay sitio solamente para algunas cosas. Los objetos mentales son manipulados y controlados para confirmar lo que uno piensa y lo demás tiene que ser eliminado.

La vida con una visión estrecha es anulada y limitada, es una especie de lucha y siempre hay tensión implicada en ella. Esto provoca un gran desgaste de energía porque estamos siempre ocupados, manipulando la mente y rechazando cosas o aferrándonos a ellas. El “desorden de la vida” es organizado por nosotros. Éste es el dukkha (sufrimiento) de la ignorancia, que viene de no entender la manera de ser de las cosas.

La mente espaciosa por lo contrario, tiene sitio para todo. Es como el espacio en un cuarto, que nunca es dañado porque está dentro y fuera de él. De hecho decimos : “el espacio en esta habitación”, pero en realidad el cuarto está en el espacio, el edificio entero está en el espacio. Cuando desaparezca el edificio, el espacio todavía estará allí. El espacio rodea el edificio y ahora estamos en ese mismo espacio, pero en un cuarto. Con esta visión, podemos desarrollar una nueva perspectiva. Podemos ver que hay paredes que crean la forma del cuarto y hay espacio. Mirándolo de una forma, las paredes limitan el espacio en el cuarto. Pero mirándola de otra, vemos que el espacio es ilimitado.

No solemos fijarnos en el espacio, porque no atrapa nuestra atención. No es como una flor hermosa o un desastre terrible; no es algo realmente hermoso o algo realmente horrible que captura nuestra atención. Podemos ser hipnotizados en un instante por algo excitante, fascinante, horrible, o terrible; pero esto no ocurre con el espacio. Para notar el espacio tenemos que calmarnos, tenemos que contemplarlo. Esto es debido a que el espacio no tiene ninguna cualidad extrema, es tan sólo espacio.

Las flores pueden ser extremadamente hermosas, rojas brillantes con bellos naranjas y púrpuras, con formas hermosas que estén deslumbrando nuestras mentes. Alguna otra cosa más, como la basura, puede ser fea y repugnante. En contraste, el espacio no es hermoso, y no es repugnante. No es muy notable pero, sin espacio, no habría nada. No podríamos ver ninguna cosa.

Si llenáramos un cuarto de cosas de modo que llegara a ser sólido, por ejemplo llenándolo hasta arriba con cemento, no habría espacio en el cuarto. Entonces, por supuesto, usted no podría tener flores hermosas ni cualquier otra cosa, sólo sería un gran bloque de cemento. ¿Sería inútil, no? Por eso necesitamos a ambos, necesitamos apreciar la forma y el espacio. Son la pareja perfecta, la unión verdadera, la armonía perfecta : espacio y forma. Al contemplar el espacio y la forma se desarrolla una amplia perspectiva, y de ella surge la sabiduría.

El sonido del silencio

Podemos aplicar esta perspectiva a la mente, usando el sentido de “yo” para ver el espacio como un objeto. En la mente, podemos ver que están los pensamientos y las emociones – las condiciones mentales – que aparecen y cesan. Generalmente nos deslumbramos, rechazamos o nos limitamos con estos pensamientos y emociones. Vamos de una cosa a otra, de una reacción a otra, controlando, manipulando, o intentando conseguir librarnos de ellas. No solemos tener perspectiva en nuestras vidas. Estamos terriblemente ocupados con la represión o la indulgencia de estas condiciones mentales, a veces hasta la obsesión; estamos atrapados entre estos dos extremos.

La meditación nos brinda la oportunidad de contemplar la mente. El silencio de la mente es como el espacio en un cuarto. Es sutil pero está siempre allí, no está fuera. No tiene ninguna cualidad extrema que pueda estimular o capturar nuestra atención. Tenemos pues que estar atentos para tomar consciencia de él. Una forma de focalizar la atención en el silencio de la mente es escuchar el sonido del silencio.

Uno puede utilizar el sonido del silencio (el sonido primordial, el sonido de la mente o como queráis llamarlo) muy hábilmente, haciéndolo consciente y focalizando la atención en él. Tiene un tono alto muy difícil de describir. Incluso si tapamos nuestros oídos o estamos debajo del agua, podemos oírlo. Es un sonido de fondo que no depende de los oídos. Sabemos que es independiente porque oímos este tono sonoro, este vibrante sonido, incluso cuando se bloquean los oídos.

Centrando nuestra atención en el sonido del silencio por un tiempo, comenzamos realmente a conocerlo. Desarrollamos un tipo de concentración que no es represiva. La mente se concentra en un estado de equilibrio y apertura, en vez de capturarse en un objeto. Uno puede utilizar esta concentración equilibrada y abierta como manera de ver las cosas en perspectiva, una manera de dejar las cosas fluir.

Me gustaría que investigarais realmente esta forma de ser consciente, para que empezarais a experimentar usted cómo dejar las cosas fluir las cosas. Puede que nunca hayáis pensado que es mejor dejar las cosas pasar. O puede que estéis familiarizados con las enseñanzas budistas desde hace tiempo y penséis que hay que dejar las cosas fluir. Pero entonces, cuando veis que no lo conseguís fácilmente, puede que penséis : “ ¡ Oh no, yo no puedo dejar pasar las cosas ! ” Y este tipo de juicio es otro problema del ego que podemos crear : “ Los demás pueden dejar las cosas fluir pero yo no puedo. Debo dejarlas pasar, porque Venerable Sumedho dijo que todos lo debíamos hacer.” Este juicio es otra manifestación del “yo soy esto o aquello …” ¿no? Pero es sólo un pensamiento, una condición mental que existe temporalmente dentro del espacio infinito de la mente.

Espacio alrededor de los pensamientos

Vamos a hacer un pequeño experimento: traemos la simple frase “yo soy” a la mente y observamos, contemplamos el espacio alrededor de esas dos palabras. Más que buscar algo más, mantenemos la atención en el espacio alrededor de las palabras. Intentamos observar los pensamientos sobre ello mismo, realmente examinándolo e investigándolo. Pero habitualmente, no podemos observarnos pensando, porque tan pronto como tomamos consciencia de estar pensando, el pensamiento para. Por ejemplo, puede que vuestra mente esté dudando: “Yo me pregunto si sucede eso. Qué si sucede eso… refunfuño, refunfuño. Oh!, estoy pensando” y se para.

Para examinar el proceso del pensamiento, pensad deliberadamente en algo sencillo como: “Yo soy un ser humano” y tan sólo observad … Si focalizáis en el inicio del pensamiento, observaréis que en el instante antes de pensar “Yo”, hay una especie de vacío. Si pensáis entonces: “Yo – soy – un – ser – humano”, veréis el espacio entre las palabras. No estamos observando el pensamiento para ver si tenemos pensamientos inteligentes o estúpidos, sino que pensamos deliberadamente para observar el espacio alrededor de cada pensamiento. De esta forma, comenzamos a tener una perspectiva de la naturaleza impermanente del pensamiento.

Esto es sólo una manera de investigar, de modo que podemos notar el vacío cuando no hay pensamiento en la mente. Intentad centraros en ese espacio y observad si podéis concentraros en ese espacio antes y después de cada pensamiento. ¿Durante cuánto tiempo podéis hacerlo? Pensad: “yo soy un ser humano” y momentos antes de empezar a pensarlo, focalizad en el espacio justo anterior a que aparezca el pensamiento. ¿Ahora, esto es espacio, no? La mente esta vacía pero hay también una intención de pensar un pensamiento en particular. Entonces pensadlo, y al final del pensamiento, intentad permanecer en el espacio justo posterior. ¿La mente permanece vacía?

La mayoría de nuestro sufrimiento viene del pensamiento habitual. Si intentamos pararlo desde el rechazo al pensamiento, no podemos; tan sólo lo intentamos, e intentamos, e intentamos … Entonces lo importante no es tanto conseguir librarse del pensamiento, sino entenderlo. Y hacemos esto gracias a focalizar más en los espacios que aparecen en la mente, que en los pensamientos.

Nuestras mentes tienden a atraparse con pensamientos de atracción o de aversión hacia los objetos, pero el espacio alrededor de esos pensamientos no es atractivo o repulsivo. El espacio alrededor de un pensamiento atractivo y el espacio alrededor de un pensamiento repulsivo no son diferentes, no? Concentrándonos en el espacio entre los pensamientos, conseguimos atraparnos menos en nuestras preferencias referentes a los pensamientos. Tanto si veis que aparece un pensamiento obsesivo de culpabilidad, de autocompasión o de pasión, trabajad con ellos de esta manera: pensadlo deliberadamente, de forma realmente consciente, y notad el espacio alrededor de él.

Es como mirar el espacio en un cuarto: no vamos a buscar el espacio, no ? Nos abrimos simplemente a él, porque está ahí todo el tiempo. No es algo que vamos a buscar en el armario, en el cuarto de al lado o debajo del suelo, sino que simplemente nos abrimos a su presencia y comenzamos a notar que está aquí.

Si estamos todavía observando las cortinas, las ventanas o la gente, no notamos el espacio. Pero no necesitamos librarnos de todas esas cosas para notar el espacio, sino simplemente abrirnos a él. Más que centrando la atención en una cosa, estamos abriendo la mente totalmente. En vez de fijarnos en un objeto condicionado, tomamos consciencia del espacio en el cual los objetos condicionados existen.

El posicionamiento de Buda-conocimiento

Con la mente, podemos aplicar internamente la misma atención abierta. Cuando los ojos están cerrados, podemos escuchar las voces internas que surgen en la mente. Dicen: “Yo soy esto… Yo no debo ser esto”. Podemos utilizar esas voces para llegar al espacio entre los pensamientos.

Más que hacer un gran problema de las obsesiones y miedos que aparecen en la mente, podemos abrir la atención y ver esas obsesiones y miedos como condiciones mentales que vienen y van, en el espacio. De esta manera, incluso un pensamiento malvado puede llevarnos a la vacuidad.

Esta forma de conocimiento es muy hábil, porque termina con la batalla mental en la cual intentábamos conseguir librarnos de pensamientos malvados. Ahora podemos devolver al “diablo” lo que es suyo. Ahora sabéis que el “diablo” es una cosa impermanente. Se presenta y cesa en la mente, así que basta con dejarlo pasar, esperar a que pase. “Diablo” o “ángeles”, son impermanentes. Antes, cuando teníamos un pensamiento malvado, hacíamos un problema de él: “el diablo está detrás de mí. Tengo que conseguir librarme del diablo ! ” Ahora sabéis que intentar librarse del “diablo” o intentar mantener lo positivo de los “ángeles”, es todo dukkha (sufrimiento). Si tomáis esta posición fresca de Buda-conocimiento, conscientes de la manera de ser de las cosas, todo llega a ser Dhamma. Todo se convierte en verdad, en la manera en que es. Vemos que todas las condiciones mentales aparecen y cesan, lo bueno junto a lo malo, lo hábil junto a lo torpe.

Esto es lo que queremos decir por reflexión, comenzar a descubrir la manera de ser de las cosas. Más que asumir que todo debe ser de cierta manera, somos simplemente conscientes de lo que hay. Mi propósito no es deciros cómo son, sino animaros a descubrirlo por vosotros mismos. No le deis la vuelta diciendo: “Venerable Sumedho nos dijo de que manera es.” No estoy intentando convencerles de un punto de vista, estoy intentando ofrecerles herramientas para que verifiquéis su utilidad, la toma de consciencia del reflejo en la mente de la propia experiencia, una manera de conocer vuestra propia mente.

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